Indispensable sustituir el modelo Las situaciones que vivimos en Venezuela son las mismas que padecieron otros países

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En artículos anteriores explicamos por qué no funciona el modelo económico socialista. Nos valimos de la teoría económica para analizar cómo funciona la toma de decisiones de los individuos y cómo influye en las decisiones de los demás. Todos los esfuerzos por imponer este fracasado modelo se enfrentan a la realidad del terco comportamiento humano frente al hecho económico. Las personas prefieren elegir libremente lo que les conviene o desean. Si se les presenta una oportunidad para mejorar, la aprovecharán y sacarán toda la ventaja que puedan, con la limitación de sus convicciones morales y éticas, y su percepción del riesgo dispuesto a asumir o enfrentar.


El modelo socialista se basa en una economía planificada que prescinde del mercado para la asignación de recursos. Estos son asignados y distribuidos conforme al valor que la cúpula gobernante le atribuye, ejerciendo controles sobre la producción, el consumo y el precio, aduciendo que privilegian el bienestar colectivo sobre el individual. La cúpula cercena la libertad individual e impide que los ciudadanos decidan libremente conforme sus percepciones. Se basa en la creencia de que el Estado está mejor capacitado para decidir lo que a los individuos les conviene.

 

Este enfoque no resiste la lógica económica. Los agentes económicos se sienten libres y actúan como tales, aunque se les prohiba tomar sus decisiones. Siempre aprovecharán las oportunidades de mejorar, aunque para ello tengan que enfrentar la represión de la autoridad central. La esencia del socialismo es la imposición de una cúpula que coarta la libertad de emprendimiento. Para que se mantenga operando este modelo es necesario reprimir, intervenir, expropiar, cerrar fronteras y controlar toda actividad económica; incluso, asumir la producción y la distribución de bienes. Así ha sido y seguirá siendo donde quiera que se imponga este modelo que ineludiblemente lleva a los pueblos a la miseria y la desesperanza. Prueba irrefutable de ello son los países donde se ha aplicado: Albania, Bulgaria, Checoslovaquia, China, Chile, Cuba, Corea del Norte, Hungría, Polonia, República Democrática Alemana, Rumania, la Unión Soviética, Venezuela y Vietnam. Todos estos países, excepto Venezuela, entendieron y aceptaron el fracaso estrepitoso del modelo económico socialista y han cambiado o están cambiando hacia un modelo de mercado, con sus diferencias en cuanto a las libertades políticas.

Las calamidades que vivimos en Venezuela son exactamente las mismas que padecieron estos países: recesión, hiperinflación, escasez, desempleo, desinversión, fuga de capitales, desconfianza, cierre de empresas, expropiaciones, contrabando de extracción, pobreza, desesperanza, diáspora, y muchas otras desgracias. Lo más grave es que en Venezuela tercamente se insiste en su aplicación a pesar de la evidencia de los resultados que demuestran su inviabilidad. El gobierno debería ser más sensato. El legado del modelo económico del presidente Chávez nos llevará a la ruina. Yo estoy seguro de que si él viviera cambiaría el modelo como lo hicieron todos los demás países donde fracasó. Observen lo que está haciendo hoy mismo el presidente chino en su viaje a EEUU. Su primera actividad ha sido reunirse con los empresarios americanos para garantizarles sus inversiones. Les pidió mayor confianza y menos sospechas en la relación bilateral con Estados Unidos.

La única opción que tenemos en Venezuela es expresarnos el 6 de diciembre para iniciar el proceso de cambiar el modelo económico socialista. Solo así el gobierno entenderá que no hay otra salida para el país.

daviduzcateguid@gmail.com