Inmediatismo efectista Fernando Castro Aguayo

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La preocupación de Francisco sobre el ambiente es de aplaudir. Propicia que las autoridades tengan un diálogo entre las nuevas políticas nacionales y las locales. Sin duda es necesario porque los afectados en los cambios ambientales son las personas, familias y no los entes abstractos. Y señala un gran peligro: el «inmediatismo político» (LS, 178).


El Papa destaca en primer lugar que el deseo de producir efectos de crecimiento a corto plazo hace que se tomen medidas efectivas, que no producen ni riqueza ni cooperan al ambiente: distorsionan la integración entre actividad de la persona, trabajo y medio ambiente. Expresamente «Laudato si» subraya que «la miopía en la construcción de poder detiene la integración de la agenda ambiental con mirada amplia en la agenda pública de los gobiernos» (n. 178). Y recuerda el principio rector: «el tiempo es superior al espacio», que somos más fecundos cuando nos preocupamos de generar procesos más que por dominar espacios de poder» (Cf. 178).

En esta materia es necesaria «la continuidad». Con gran sencillez Francisco señala que no se pueden cambiar las políticas de protección al ambiente cada que vez que cambia un gobierno. Mantener las políticas pensadas, decididas, y aplicadas supondrá en el fondo reconocer la dignidad de la persona humana y dejarán los políticos en la historia una estela de generosa responsabilidad (Cf. 181).

Las causas del fracaso de las mejores medidas en favor del ser humano y el ambiente están presentes cuando prevalecen los grandes objetivos como metas, los valores, la comprensión humanista que son los que ayudan a que la sociedad y sus autoridades tengan una orientación noble y generosa. (Cf. 181).

El norte de todo desarrollo está en el ser humano y en él es que hay que pensar. La razón de Estado, el mantenimiento de una ideología por ir a grandes temas hoy planteados se deshacen a la hora de pensar que puede haber poblaciones enteras que padecen el drama del agua, por señalar algo básico.

Ciertamente el papel del Estado es determinante para la erradicación de la miseria y buscar el desarrollo social de sus habitantes y los gobiernos debe analizar el escandaloso nivel de consumo de algunos sectores privilegiados de la población y controlar mejor la corrupción. Es tarea valiente que exige estudiar los mecanismos de autocontrolaría y fiscalización, empezando por el mismo Estado. No se cuida el ambiente y las personas porque tenga sólo intenciones buenas, sino porque puedo hacer eficiente los recursos que dispone en favor del ser humano, de su desarrollo y dignidad.

fcastroa@gmail.com