Jóvenes en el exterior sobreviven con poco más de sueldo mínimo

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Caracas.- Muchos son los venezolanos que llegan al aeropuerto de Maiquetía diariamente para dejar atrás la crisis económica, la inseguridad y la polarización; aunque por otro lado, deben sumar el sacrificio de despedirse también de familiares, amigos, recuerdos y miles de querencias; todo, con la firme intención de radicarse en otro país que les genere al ‘precio que sea’ el bienestar que no tienen en casa.

Acostumbrados a lidiar con las proyecciones inflacionarias más elevadas de la región, y que para el finales 2015 los analistas ubican en 200 %, los criollos parten con la esperanza de lograr sobrevivir a las condiciones económicas de los países que escogen como destino de residencia, por lo menos, en un primer año experimental, «para probar».

ESTUDIANTE EN MONTEVIDEO

Días después de haber comenzado el 2015, José Carlos Motta, productor audiovisual de 27 años decidió emprender vuelo rumbo a Montevideo, capital de Uruguay. Relata que la labor no le resultó sencilla, pues luego de dos años de ahorro logró radicarse en tierras sureñas, y ahora, tras siete meses de ensayo y error puede obtener el primer balance de su estadía lejos de casa.

A la fecha, se ha mantenido con parte del dinero que pudo llevarse de Venezuela, no obstante, explica que mediante trabajos a destajo como mesero, call center, vendedor de tienda, etc; también ha podido sobrevivir cómodamente en una ciudad que describe como «algo cara», pero en la que se puede vivir, pues deja claro que «no hay control de cambio y la inflación no es un tema de que preocuparse».

El sueldo mínimo en Uruguay, está en 13 000 pesos, mientras que por cada dólar se pagan 27 de éstos. «Con el sueldo básico puedes pagar una habitación, los servicios y la comida. Quedarías bastante apretado, pero si se podría lograr como primer paso mientras te estabilizas», afirma.

Detalla, que con este ingreso se puede obtener una habitación, cotizada en 5.000 pesos, que en Caracas, estaría ubicada en un eje similar al de Plaza Venezuela, Sabana Grande y Chacaíto. «A eso hay que sumarle que no hay problemas de inseguridad como en Venezuela. Sí existen los robos, pero desde el tiempo que llevo acá solo he escuchado de uno y fue con una navaja que se resolvió sin problemas», señala.

Sigue optando por el ingreso a una universidad, en vista de que llegó al país cuando el año académico estaba a pocos días de iniciar. Sobre las ofertas estudiantiles, sostiene que la mayoría de universidades son públicas y de «costos accesibles», lo que según su percepción, explica el gran número de estudiantes que hay en ese país, en parte ayudados por los beneficios que otorga el sistema.

«Los jóvenes tienen oportunidades que en Venezuela no son comunes. A los 20 ya muchos son independientes. Con un sueldo mínimo pueden iniciar su vida en solitario y lo intentan. Vivirán bastante ajustados, pero lo importante es que no es un imposible», agrega.

RESPIRANDO LOS BUENOS AIRES

También en el sur del continente, pero un poco más al oeste, específicamente en Buenos Aires, la capital argentina, se encuentra María Alejandra, conocida por todos sus allegados como ‘Mariale’. Sus planes comenzaron en 2013, pero no fue hasta abril de 2014 que tomó la decisión de probar suerte en otro país.

La comunicadora social egresada de la UCAB, explica que los primeros meses de estadía contó con el techo de su hermana, quien tiene años radicada en ese país. «Ella estaba de viaje laboral; por eso estuve completamente sola en su casa. Sobreviví unos meses con lo que traía de Venezuela, compraba lo esencial, gastaba lo esencial, siempre con el miedo de que algún día al ir al supermercado, por algún motivo, no me pasara la tarjeta de crédito», cuenta.

Durante el proceso de adaptación, no solo conoció el estilo de vida de Buenos Aires, sino que se dedicó a competir en ese mercado laboral, mientras esperaba por la llegada de su pareja Wilmer Sánchez, quien terminaba sus preparativos para alcanzarla tres meses después.

«Corrí con la suerte de que me postulé a varios empleos, pero el primero fue en la rama en la que me he desarrollado, Social Media. En eso ocupo mi tiempo, mientras sigo estabilizándome, esta vez en compañía de mi pareja», sostiene.

El sueldo mínimo en Argentina –cuenta Mariale- se ubica entre 4000 y 5000 pesos, con los que dice se puede alquilar una habitación, pagar los servicios y la comida, siempre con la acotación ya de rigor, «se vive apretadito de dinero, pero se vive».

Actualmente, gana poco más de un sueldo mínimo argentino, pero enfatiza que cuenta con la ayuda de Wilmer para cubrir los gatos del apartamento que ahora comparten ambos en las afueras de la ciudad. «Mensualmente aparto 4000 pesos para los servicios y gastos, así me libro de eso. Juntar nuestros sueldos es de gran ayuda, a veces quedamos un poco más apretados, pero tengo que asumir que vivimos tranquilos porque sí se pueden pagar cosas que con un sueldo mínimo es impensable en Venezuela», comenta.

Reflexiona sobre lo que ha sido su primera vez como inmigrante al hacer énfasis en las cosas que ha obtenido y que en Venezuela no consolidó; para su nueva casa –dice sentirse orgullosa- de haber comprado cama, utensilios, y hasta una nevera sencilla que le gustó y pudo pagar. «Estando acá he podido hasta pensar en tener una bicicleta. Si bien hay inflación y dólar paralelo, las condiciones no son tan cuesta arriba como en Venezuela. Pensar en la independencia siendo joven es una realidad para los argentinos; yo tuve que hacerlo mucho después de mis 25 y en otro país».

LAS CIFRAS

En entrevista a la agencia AFP, el investigador y experto en inmigración de la Universidad Simón Bolívar, Iván de la Vega, afirmó que en la actualidad aproximadamente 1,5 millones de venezolanos viven en el exterior, según registros migratorios, censo de países de destino, así como, investigaciones de organismos multilaterales del mundo.