Juan Carlos Bravo ofició primera misa con investidura de obispo

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Guasipati.- Juan Carlos Bravo Salazar, nuevo obispo de Acarigua-Araure, en el estado Portuguesa, recién nombrado por el papa Francisco, ofició este miércoles una misa acompañado por el padre Gioannino Prandelli, párroco de El Callao.

En el marco de este acto litúrgico, Juan Carlos Bravo Salazar cumplió la promesa hecha a la feligresía, de lucir elementos de su nueva investidura. Tal es el caso del llamado solideo, casquete con el que cubren su cabeza los obispos, los cardenales y el propio papa.

Exactamente a las 7:00 p. m. ambos sacerdotes, acompañados de dos monaguillos, iniciaron la misa; el coro, integrado por un grupo de jóvenes, entonó canciones de bienvenida a los oficiantes. Bravo comenzó a orar y se pudo observar que lucía el solideo violeta, adminículo que identifica la jerarquía de obispo.

En vez de un sermón, el obispo mantuvo con la feligresía una conversación diáfana, familiar, en la que narró parte de su vida y algunas anécdotas que corroboran los inusitados e impredecibles momentos que le ha tocado vivir, cuando el Creador lo ha ubicado en espacios y situaciones que nunca buscó. «Siempre he dejado todo en manos del Señor, él me indica el camino, luego cumplo sus mandatos», afirmó.

UNA ATARRAYA PARA EL AMOR

La iglesia de Nuestra Señora del Rosario de Guasipati fue decorada para la ocasión, destacó una inmensa red de pesca (atarraya), la cual fue extendida desde la puerta de entrada, por todo el pasillo central, hasta el altar. Una vez finalizada la ceremonia religiosa, los feligreses se ubicaron en el pasillo y en un acto cargado de simbolismo, todos se fueron cubriendo con la red y la fueron enrollando, hasta que al final se la entregaron al obispo Juan Carlos Bravo Salazar. La acción, según informaron, conlleva a que en esa red se lleve el nuevo obispo el espíritu, el amor y el cariño de la gente de Guasipati.

¿QUÉ HACEN LOS OBISPOS?

En unión y subordinados al papa, los obispos son los sucesores de los apóstoles para el cuidado de la Iglesia y para continuar con la misión del Señor Jesús en el mundo. Ellos sirven al pueblo de su propia diócesis o iglesias particulares, con autoridad ordinaria y jurisdicción. También comparten con el papa, y entre ellos, la común preocupación y esfuerzo por la buena marcha de la Iglesia.