¿Qué es la izquierda hoy?

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Quizás no soy el más indicado para explicar en qué consiste la izquierda hoy día porque no soy un experto en sociología, ni política ni nada por el estilo. Así que vayamos directamente a mi impresión general como un observador externo de lo que se cuece en el ambiente político. La izquierda hoy es una amalgama de ideas en el que entran ponencias que van desde el ecologismo hasta la justicia social; desde el respeto a las identidades sexuales, hasta el feminismo pasando por la sensibilidad ante los dramas migratorios. Dentro de cada uno de los temas hay miles de matices, pero en general todos estos entran dentro de estas actitudes propias de la vida cotidiana actual.

Históricamente, sin embargo, la izquierda no solo ha sido una sensibilidad extrema hacia todos los problemas de la sociedad; sino también una forma de ver la economía. Sin la pata económica – que es la base de muchas de esas injusticias – (¿El drama que estamos viviendo en Venezuela?) la izquierda no puede entenderse como tal. A pesar de eso, muchos militantes de izquierda – o que dicen llamarse de izquierdas – han abandonado la posibilidad de cuestionar muchas ideas del neoliberalismo imperante y se han convertido en una especie de creadores de brindis al sol y simbolismos que poco tienen que ver con la justicia social. Además, en la izquierda se presupone un estado mental para aquel que se considera izquierdista: el sentido crítico. Es una forma de pensar que tiende a cuestionar lo establecido, a aquello que le cuentan los medios oficiales o incluso aquellos con los que crees estar de acuerdo. Hay que tener esa tendencia a ver gato encerrado incluso allí donde no hay nada porque es sano preguntárselo.

Al final lo que tenemos es una definición de izquierda muy genérica que cada uno entiende como quiere, que es capaz de aglutinar ideas – incluso – contradictorias y que consigue que la izquierda sociológica – ya no la que está dentro de los partidos, sino entre los simpatizantes – se llene de repartidores de carnets del buen izquierdista. Y ya la tenemos liada.

Falta de democracia. La democracia es eso tan antiguo que hacían los griegos y hoy en día es considerado una moda pasada. Llamamos democracia a una cosa que tiene muy poco que ver con ella, apenas unos votos aquí y allá cada cuatro o más años. Esto hace que los partidos de izquierda estén en una trampa constantemente y en unas reglas de juego que no dejan mucho espacio para debatir ideas que busquen una mayor justicia social y económica. Sólo hay que ver el parlamento que tal y como funciona, de por sí, no tiene sentido alguno. Elegimos representantes en unas listas ya confeccionadas – no podemos elegir quién nos representa – y luego esos tienen que votar lo que diga el líder – no elegimos absolutamente nada, solo unas siglas -.

Por otro lado, la idea de partido político – al menos tal y como los montan – es contrario a la idea de izquierda. Y ojo, que no me vengan ahora a decir algunos que es que la izquierda es totalitaria y dictadura. Al contrario: con más democracia la izquierda debería sentirse mucho más cómoda. Si dices representar al pueblo, pero no les das voz ni le dejas decidir – solo elegir a quien decide – a la larga dejarás de representar al pueblo.

Donald Trump y la Biblia: ¿Coincidencia?

Este sábado, 21 de enero, la Parashá (porción de la Torah que se leerá en las  sinagogas) es Shemot. El texto (Éxodo 1:1 a  Éxodo 6:1) incluye el versículo 8 que dice: “Subió al poder un nuevo rey en Egipto”, el país más poderoso de esa época. Por coincidencia, hoy viernes 20 de enero, un nuevo presidente, Donald Trump, asume la presidencia de Estados Unidos, el país más poderoso de nuestra época.

La Biblia relata que ese rey de Egipto consideró a los hebreos, que hasta ese momento habían sido fieles ciudadanos de Egipto, como enemigos y los trató en forma humillante y cruel.

En el caso del nuevo presidente de los Estados Unidos, ¿considerará a los israelíes (descendientes de los hebreos de la época bíblica) con respeto, a diferencia del presidente saliente?