La libertad mal entendida siempre perjudica a alguien

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En un mundo cada vez más globalizado y dependiente, en el que muchos valores han ido dejando su espacio a un concepto equivocado de la libertad, se hace cada vez más necesario recurrir al significado de esta palabra. Qué duda cabe que las personas en muchísimas ocasiones defendemos una libertad mal entendida, la que con los años parece ganar adeptos. Libertad es la capacidad del ser humano de obrar o no obrar, de hacer una cosa o de hacer otra a lo largo de su vida, por lo que es responsable de sus actos. ¿Pero en cuántas ocasiones somos responsables por nuestros actos o palabras, que han podido afectar a alguien, y que han sido realizados bajo el concepto que cada uno ha dado a la palabra libertad?

Cada vez más personas anhelan el verdadero amor y la verdadera libertad, porque notan que los ritos, dogmas y ceremonias no conducen a nada, muchos menos a la libertad. Por eso preguntan: ¿Qué significan el verdadero amor y la libertad y cómo podemos alcanzarlos? Si recapacitamos reconoceremos que son muchas las ocasiones en las que nos permitimos decir: «Me tomo la libertad de hacer o de decir a los demás lo que me dé la gana.» Pero esta es una forma egoísta de entender la libertad, los actos egoístas que hemos creado nosotros mismos y que no surgen de un amor desinteresado real, un amor elevado que nace del fondo del alma y que forma parte de nuestra herencia divina.