La política para los políticos, los empresarios a lo suyo

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Gianfranco Rondón habla «sin pelos en la lengua». Es un empresario de la nueva generación nacional, hecho al calor de la polarización política, la incertidumbre y el sectarismo que ha caracterizado los últimos quince años de la vida económica y política de la nación.

Es uno de los muchos nuevos empresarios formados en la época de la «Revolución Bolivariana» y al respecto afirma, sin complejo alguno, «yo era un chamo veinteañero cuando empezó esto de la Quinta República y estoy trabajando desde ese entonces, cuando los empresarios quisieron ser políticos dejaron un espacio que muchos aprovechamos para establecer relaciones formales y sensatas con las distintas administraciones públicas, porque el Gobierno también es un cliente que debe ser atendido y respetado. La política para los políticos, yo soy un empresario que resuelve los problemas de sus clientes y trato de darles los mejores productos y servicios, es así de simple.»

Su forma de expresarse resume, sin palabras pero con muchos gestos, la audacia que lo caracteriza y su particular visión de la economía y el emprendimiento en Venezuela. «Yo no ando leyendo periódicos para ver si el Gobierno es bueno o malo, yo soy un comerciante y mi deber es proveer a los gobernantes y a las empresas privadas de lo que requieran».

Rondón representa una nueva camada de empresarios criollos, orientados al comercio internacional, apalancados en la tecnología y las transacciones mercantiles rápidas, es decir, lo que en el argot empresarial y económico se califica como «trading», una actividad íntimamente vinculada al comercio con China, Panamá y Estados Unidos, por ser estos países los principales proveedores de productos.

Desde su trecho, invita a los empresarios nacionales a «volver a las raíces, a las naturales del verdadero empresario, que es el proveer de bienes y servicios a quienes lo necesitan. Es cierto que hay muchos problemas y que algunas políticas públicas están obstaculizando el desempeño, pero lo sensato es seguir trabajando y considerar al Gobierno como un cliente más».