La sobrevaluación fue peor que el ALCA y causó ruina en la producción nacional (I)

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El presidente Nicolás Maduro anunció que no aprobará más dólares para las empresas de Fedecámaras, al acusarlas de formar parte de la guerra económica. Días después, Miguel Pérez Abad, presidente de Fedeindustria, afirmó que «se acabaron los dólares baratos» para el sector productivo y habrá que ajustarse al Simadi que ronda los 200 Bs/$, dejando atrás las tasas de cambio preferenciales de Cencoex de 6.30 Bs/$ y Sicad de 12 Bs/$.

El anuncio del Simadi puede ser el primer paso de una revisión integral de la estrategia económica. Esta ha sido una decisión largamente esperada en función de transformar la economía rentista e importadora en un nuevo modelo productivo exportador. Ciertamente, la tasa Simadi encarecerá las importaciones y hará más competitivas las exportaciones venezolanas. Para que sus efectos positivos puedan verse potenciados, la misma debe ser reforzada con otras decisiones en materia de políticas macroeconómicas (fiscal, monetaria, financiera y de precios) y de políticas sectoriales (agrícola, industrial y tecnológica).

LA SOBREVALUACIÓN FUE PEOR QUE EL ALCA

La sobrevaluación se origina cuando la inflación que sufre un país es mayor que la de sus principales socios comerciales. Al no ajustarse el tipo de cambio oficial para corregir este diferencial inflacionario, el poder de compra interno de la moneda nacional se desvanece, a la vez que se incrementa el poder de compra en el extranjero, donde el alza de los precios ha sido mucho menor. A pesar de la persistente inflación, el dólar oficial se mantiene congelado por varios años. Gracias a un dólar barato, el gran negocio importador florece y prospera a expensas de la actividad agrícola e industrial.

Para resistir el impacto de una política cambiaria favorable a las importaciones, los productores venezolanos tienden a transformarse en importadores y disputarse con los comerciantes el papel de representantes de las grandes corporaciones transnacionales, acentuando así los rasgos de una economía de puertos cada vez más dependiente de las importaciones. Por eso, el anclaje cambiario en un contexto inflacionario termina arruinando la producción nacional.

La integración neoliberal se enfoca en la liberalización del comercio y de las inversiones. Poca importancia se le otorga a la libre circulación de las personas y a la lucha contra la pobreza y la exclusión social. En su momento, el Gobierno Bolivariano se opuso resueltamente a la desgravación del arancel, toda vez que representaba un instrumento de política para proteger la producción nacional.

En las negociaciones del ALCA nos opusimos a la eliminación de los aranceles y otras medidas necesarias para proteger la producción nacional. Pero lo que no hizo el ALCA lo logró la sobrevaluación de las tasas de Cadivi y Cencoex, al permitir un deslave de importaciones baratas que barrió con el precario aparato productivo nacional. La sobrevaluación de la tasa de cambio oficial anuló los mecanismos y medidas que defendimos para estimular la producción nacional y ésta nunca pudo levantar cabeza ante la ruinosa competencia de las importaciones subsidiadas con un dólar barato.