La sobrevaluación fue peor que el ALCA y causó ruina en la producción nacional (y II)

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La sobrevaluación potenció las nefastas consecuencias de la libre competencia entre desiguales y finalmente condujo al fortalecimiento de los más fuertes y a un debilitamiento aún mayor de los más débiles. Con la sobrevaluación ganaron el mercado nacional los países que destinan anualmente miles de millones de dólares a subsidiar sus exportaciones.

Los subsidios de otros países, aunado al efecto de la sobrevaluación, originaron graves distorsiones en los precios relativos que dejaron en desventaja a los productos nacionales versus los importados. Pero los instrumentos de política para paliar los efectos perversos de las distorsiones de los precios internacionales, terminaron siendo mediatizados y anulados por la política cambiaria.

LA RUINA DE LA PRODUCCIÓN NACIONAL

En definitiva, no hizo falta que se aprobara el ALCA para impedir que las importaciones baratas arruinaran la producción nacional. Las tasas oficiales de Cadivi y Cencoex facilitaron toda clase de importaciones agrícolas e industriales, mucho más de lo que lo hubiese permitido la eliminación de los aranceles y el desmantelamiento de las medidas de protección y estímulo a la producción nacional. De hecho, la sobrevaluación de la tasa de cambio oficial dejó sin efecto la amplia gama de medidas de política agrícola e industrial que se pudieron en práctica en los primeros años de la Revolución Bolivariana para reactivar la producción nacional. En efecto, los incentivos financieros, las compras gubernamentales, el suministro de insumos básicos al sector transformador, los incentivos fiscales a la innovación tecnológica, la capacitación de mano de obra, la regularización de la tenencia y uso de la tierra, la promoción de Fundos Zamoranos, Núcleos de Desarrollo Endógeno y Empresas de Producción Social, todo ese enorme esfuerzo terminó siendo dinamitado por la propia política cambiaria del Gobierno Bolivariano.

La verdadera guerra económica que dinamitó el aparato productivo nacional ha sido la derivada de una prolongada sobrevaluación que ha generado graves consecuencias en materia de caída de la producción, escasez, acaparamiento y especulación. El aporte de la actividad agropecuaria al PIB cayó por debajo del 4%, cuando debería ser al menos de 12% si se quiere alcanzar la soberanía alimentaria.

En materia de desindustrialización los efectos han sido aún más desastrosos, a lo largo del anclaje cambiario el número de industrias cayó de 14.000 mil a 7.000 y la contribución del sector manufacturero al PIB se redujo de 18% en 1999 a menos de 14% en 2014, bastante lejos del 20% mínimo que se requiere para ser considerado un país industrializado. Los propios datos oficiales revelan que la sobrevaluación de la tasa de cambio oficial generó efectos totalmente contradictorios con los principios que animaron la lucha contra el ALCA y los TLC.

El anclaje no solo facilitó las importaciones baratas, sino que penalizó la competitividad cambiaria de las exportaciones no petroleras e impidió el acceso a otros mercados, incluso en el marco de los acuerdos de la Alba y el Mercosur.