Laicos de Venezuela rechaza acusaciones contra arzobispos católicos

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El Consejo Nacional de Laicos de Venezuela, instancia de representación, coordinación y servicio, que promueve el rol protagónico del laicado venezolano en los distintos ámbitos y sectores de la sociedad, como Iglesia en comunión, dando testimonio de los valores humano-cristianos del Evangelio, se pronuncia sobre la situación del país:

La voz de la Iglesia, pueblo de Dios, será siempre en favor de los oprimidos, los necesitados, los sufrientes y los marginados; será siempre en procura de la paz, con verdad y justicia; una voz que busque el bien común de todos, la fraternidad, la reconciliación y la sana convivencia.

Jamás podrán callar la voz de la Iglesia por mucho que se lo propongan, amenacen y constriñan. Tenemos un compromiso con la verdad. “La verdad les hará libres” (Jn.8,32).

Repudiamos y condenamos la orden presidencial dada el pasado 15 de enero a los poderes públicos, de abrir una investigación por “delitos de odio” al Excelentísimo Monseñor Antonio López Castillo, Arzobispo de Barquisimeto y al Excelentísimo Monseñor Víctor Hugo Basabe, Obispo de San Felipe, a propósito de la Homilía de las celebraciones con motivo de la fiesta de la Divina Pastora en la ciudad de Barquisimeto, el pasado 14 de enero. Alertamos sobre la intención del régimen de desconocer y atacar a la Iglesia, manipular lo que ésta debe decir, hacer o pensar, desconocer sus líderes y su autoridad moral, con el objetivo de dividir, confundir y promover la fragmentación de la comunidad católica. Recordemos la advertencia Evangélica “Herirán al Pastor y se dispersarán las ovejas” (Zc. 13,7). Defenderemos a nuestros pastores y a todo el pueblo de Dios, estaremos siempre al lado de los venezolanos que sufren esta crisis política, social, económica y moral. ¡No callarán la voz de la Iglesia, no tenemos miedo!

La crisis se profundiza, día a día, llegando a un estado de caos y violencia generalizada. Por medio de la Asamblea Nacional Constituyente (ANC), inconstitucional e ilegítima (en su origen y desempeño), el régimen acelera la implantación de su sistema perverso y totalitario, avanza en su propósito destructivo de la sociedad democrática y sus instituciones. Una sociedad así no es viable, y requiere urgente de un cambio político. Nuestros Obispos lo han reiterado desde hace varios años: “La raíz de los problemas (del país) está en la implantación de un proyecto político totalitario, empobrecedor, rentista y centralizado que el gobierno se empeña en mantener” (CEV, “El Señor ama el que busca la justicia”, 12-07-2016).

Denunciamos las violaciones sistemáticas a los derechos humanos: la vida, la libertad, la integridad de las personas y de sus bienes. Repudiable la actuación de las fuerzas militares perpetrada en la zona de El Junquito (Caracas), el lunes 15 de enero pasado. El procedimiento fue ejecutado en una escena cerrada a organismos garantes de derechos humanos y del debido proceso, con un uso desproporcionado de fuerza para la captura de civiles que hicieron pública su rendición y solicitaban garantías para la solución pacífica, en la que perdieron la vida un grupo de personas. Un procedimiento caracterizado por violencia extrema y opacidad, impidiendo la información veraz. Exigimos transparencia en la investigación de todos los hechos y de los responsables directos, exhaustiva, imparcial, confiable y que respete la ley. Los Derechos Humanos son obligación inexcusable de los gobiernos.

Preocupados por las violaciones a los derechos de alimentación y salud que arrojan numerosos enfermos y muertos en toda la geografía nacional, nos unimos a las alertas emitidas por Cáritas de Venezuela, y exigimos al gobierno la apertura del Canal Humanitario que mitigue el hambre, la desnutrición y la necesidad de medicamentos. Hacemos un llamado urgente a la sociedad civil venezolana en general, a dar apoyo solidario a Cáritas, diócesis, parroquias, movimientos eclesiales, organizaciones no gubernamentales y otras instituciones que cumplen labores humanitarias y dan respuestas concretas y solidarias. Es un deber cristiano trabajar por el prójimo.

Manifestamos que el cambio político puede y debe ser por la vía electoral en primer término, pero erradicando las ilegalidades e irregularidades de los procesos electorales anteriores. No es aceptable ir a un proceso electoral con una ANC, supraconstitucional, autoerigida en poder supremo y absoluto. Las elecciones deben hacerse con garantías y total transparencia. Es indispensable la conformación de un nuevo Consejo Nacional Electoral (CNE), que respete el voto libre, secreto y universal; y que garantice pluralismo y alternabilidad en el poder. Las elecciones son una oportunidad para un cambio político en paz, siempre y cuando gocen de las condiciones y garantías.

Creemos en los procesos de diálogo y negociación que persigan objetivos y metas claros respetando la democracia, por tanto, recordamos la validez del planteamiento expresado por el Secretario de Estado del Vaticano, Cardenal Pietro Parolín, en su carta del 01 de diciembre de 2016: “1. Aliviar la grave crisis de abastecimiento de comida y medicinas que está sufriendo la población. 2. Las partes concuerden el calendario electoral que permita a los venezolanos decidir sin dilaciones su futuro. 3. Se tomen las medidas necesarias para restituir cuanto antes a la Asamblea Nacional el rol previsto en la Constitución. 4. Se apliquen los instrumentos legales para acelerar el proceso de liberación de los detenidos”.

Actuamos en espíritu de unidad con aquellos que -aun no profesando nuestra fe y creencias comparten nuestro deseo de construir una sociedad democrática y de fraterna convivencia. Invitamos a todos -sin distinciones- a reflexionar sobre la actual situación de Venezuela, a los fines de procurar un cambio político en paz y actuar decididamente para mitigar el dolor, la angustia y la penuria de todos sus hijos. Esta situación debemos revertirla por amor al país. “El amor «caritas» es una fuerza extraordinaria, que mueve a las personas a comprometerse con valentía y generosidad en el campo de la justicia y de la paz”. (CV, 1 Benedicto XVI, 2009).

Tenemos el compromiso moral y cívico de participar activa y organizadamente para lograr los cambios que el país reclama, y al mismo tiempo, para tejer y fortalecer las redes de acción social y solidaria, de trabajo y servicio a nuestros hermanos venezolanos. Pongamos nuestro esfuerzo y talento para ser laicos de primera línea, protagonistas y dinamizadores del cambio desde los valores del Evangelio, para que en nuestro quehacer cotidiano y donde quiera que nos encontremos, podamos levantar la voz y lograr la reconstrucción y el progreso del país. (Mensaje I Asamblea Conjunta de Obispos y Laicos, ACOL, enero 2017).

Como católicos, invocamos a Dios nuestro Señor y a la Virgen de Coromoto, patrona de Venezuela, implorando su protección y auxilio en toda hora y momento.