Libertades que pesan

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Indiscutiblemente, el hombre nació para vivir en libertad. No obstante, las realidades dicen otra cosa. Sobre todo, cuando se desenvuelve en ambientes caracterizados por la opresión o en lugares donde se conculcan derechos que permiten desempeños o acciones. Aunque limitadas por leyes que regulan naturalmente arbitrariedades que violenten los derechos del otro. Sin embargo, hablar de libertades obliga a precisar ciertas consideraciones.


En principio, no todas las libertades son iguales. Las libertades tienen distintos rostros. Pero lo importante de ello tiene que ver con que cada acepción o lo que sus lecturas interpretan, se halla subordinada por la razón. La razón que anima a discernir entre el poder y el deber. En todo caso, es libre quien apegado a la razón actúa de conformidad a sus necesidades e intereses. Y aún así, no siempre toda persona se permite lo que a conciencia y responsablemente puede o debe emprender.

Todas estas realidades constituyen formas de demostrar el grado de libertad a partir del cual un Estado se plantea canales para movilizar sus ejecuciones y comedir sus intenciones ante los problemas que le depara la incertidumbre. Son libertades cuyo costo político, económico y social, aparte de elevado, no siempre se ve compensado por decisiones de carácter populista. Éstas, lejos de alcanzar su demagógico objetivo, fungen de rémora o de tranca a necesidades clamadas popularmente. En lo puntual, puede decirse que son libertades que pesan.