Los alimentos transgénicos, un alud impredecible

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Nuestro material genético está relacionado de alguna forma con nuestra alma, es como una sintonía de vibración. La persona se encarna en un cuerpo que se adecúa a su estructura anímica. Ahora bien, si en un período de 30 ó 40 años acogemos en nuestro cuerpo un material alimenticio ajeno, la estructura genética no se transformará de forma natural, sino que se transformará de forma artificial. ¿Qué sucede entonces con el nivel de los sentimientos? ¿Estaré aún en condiciones de sentirme a mí mismo, o de sentir qué alimentos tengo que tomar y cuáles no? Algo que los animales pueden hacer.

A las personas se nos dio la Tierra, toda la naturaleza, y se nos regaló alimentos con los cuales hemos vivido sanos desde hace miles de años, sin embargo ahora de pronto, creemos poder mejorar la Creación de Dios y ponernos por encima de Él sin saber el alcance de nuestras manipulaciones. Posiblemente lo que hayamos echado a rodar sea como una avalancha, como un alud que no podremos detener. ¿Qué ocurrirá si dentro de 10, 20 ó 30 años nos damos cuenta de que era una equivocación? ¿Qué dirán entonces los científicos?

Ése es el motivo por el cual los cristianos originarios tenemos una forma pacífica de cultivar la Tierra, que está libre de tecnología genética, exenta de venenos agrarios y de abonos artificiales, tampoco practicamos la explotación ganadera. Y todo simplemente porque apreciamos a la madre Tierra, porque la cuidamos y no la queremos manipular.

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