Luis Gerónimo Abreu: «Cada día nos enamoramos más de nuestro bebé»

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Luis Gerónimo Abreu y Claudia La Gatta duermen poco y sus ojeras lo comprueban. Pero no están perdiendo sueño, sino viviendo uno: el de ser padres. De Salvador, el primer miembro de su camada.

Acostumbrados a los difíciles horarios de las pautas de grabación, ambos actores adoptaron un sistema para atender al bebé recién nacido. Mientras uno duerme, el otro lo atiende. No importa si es de día o de noche. Ser padres es ahora su trabajo de tiempo completo.

«Estamos disfrutando cada faceta de nuestro hijo», confiesa Abreu. «Tenemos cansancio mezclado con alegría, pero cada día nos enamoramos de nuestro bebé, sobre todo porque ya comienza a sonreír, a hacer gestos, y tiene mucha fuerza. Como padres primerizos, lo hemos llevado como a tres pediatras distintos, para estar seguros de que esté completamente sano (risas)», agrega.

-¿De donde salió el nombre de Salvador?

-Entre todos los nombre que barajamos, siempre nos gustó ese. Luego, un taxista en Bogotá nos contó una historia que le gustaba sobre el artista Salvador Dalí. No queríamos ponerle mi nombre, ni el de nadie más, para que tuviese su individualidad desde pequeño. En ese sentido, te puedo contar que tiene un carácter relajado, pero cuando se molesta se pone rojísimo (risas). Un día se parece a Claudia y otro a mí, es una mezcla.

-¿Cómo han hecho para conseguirle sus medicinas, pañales y alimentos?

-Empezamos a comprar todo desde que supimos que estábamos embarazados. Mi suegra, mi esposa, amigos y yo hemos tenido que hacer cola para comprar leche. Cosas como las medicinas las compramos en el extranjero hace tiempo. No queremos correr el riesgo de que nos falten, porque en estos días recorrí siete farmacias para conseguir una pomada. Estamos padeciendo la escasez como todos los venezolanos, pero cuando eres padre te mata la idea de que el chamo se enferme y no tengas qué darle. Hace tiempo compré supositorios, pero ya no hay, igual que el ácido fólico.

-¿Se irán del país?

-No me quiero ir, pero aquí te empujan todos los días para que lo hagas. No hay un día que no haya una mala noticia. Estamos en un país que no conozco, porque la fuerza del poder prevalece por encima de la razón. Pero irse no es una decisión fácil porque es arrancar de cero, echarle pichón para establecerte, contar con un dinero que no todo el mundo tiene. Tengo la esperanza de que todo cambie aquí, para que Salvador esté orgulloso del país en el que nació. Ya hasta le compré la chaqueta de la Vinotinto.