Mataron al «Papurrí» después de robarlo

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Después de entregarle su cartera a los antisociales recibió un disparo que le quitó la vida. Este hecho se registró este lunes pasada las 6:30 de la tarde, en Core 8, manzana Core 8, de Puerto Ordaz.

Jonathan Padilla, de 19 años, conocido como el «Papurrí», acostumbraba todos los días a sentarse en el frente de su casa, donde conversaba acompañando a su abuelo; este lunes no sería la excepción.

La tarde transcurría con normalidad, al igual que la charla entre los dos familiares, sin esperar la desgracia que estaba a punto de suceder.

A la hora indicada, dos sujetos que se desplazaban a pie interceptaron a Padilla y, con pistola en mano, le solicitaron la entrega de sus pertenencias, enseguida la víctima sacó su cartera y accedió ante la orden amenazante.

Según versiones preliminares, cuando los asaltantes se disponían a huir del lugar, uno de ellos accionó su arma y sin contemplación le disparó al joven, para dejarlo tendido en el pavimento, mientras agonizaba sobre un charco de sangre.

Varios de los vecinos que presenciaron la fatal escena de inmediato tomaron un vehículo y trasladaron al infortunado hasta el Centro de Diagnóstico Integral (CDI) de esa localidad, pero desafortunadamente, minutos después de su ingreso quedó sin signos vitales.

CONSTERNACIÓN

Este martes, frente a la sede del Cicpc, la madre del occiso dijo que nadie logró identificar a los responsables de haberle dado muerte a «un muchacho tranquilo y trabajador».

Espera que las autoridades logren con la captura de los criminales, pues califica como una injusticia que personas estén por las calles haciendo de las suyas sin que nadie los detenga.

Consternada indicó que es primera vez que un integrante de su familia muere en estas circunstancias. «No puedo creer que esto haya pasado; es muy doloroso para mí», lamentó la progenitora.

JOVEN TRABAJADOR

En cuanto a la vida del fallecido, se supo que trabajaba junto a su padre en una panadería que funciona en la misma casa donde se suscitó el hecho.
Actualmente no cursaba estudios y, como en muchos de estos casos, dejó a una esposa desamparada, también víctima de la indolencia, que ahora deberá criar a su niña de dos años y al bebé que lleva en su vientre.

DESIDIA

Este caso lleva a la reflexión sobre el valor de la vida en nuestra sociedad, y a su vez, al análisis de estas desviaciones sociales y sus límites, límites que han debido ser mejor resguardados por las autoridades, a quienes parece «se les ha descarrilado» el crecimiento de la moral y los buenos valores.