Pasajero guardó el pago de su quincena dentro de un pan y se la robaron

Juan Carlos Flores pensó que escondería su dinero en un lugar seguro, pero el delincuente que lo atracó le dijo que tenía hambre y lo robó por partida doble

0
1084

Valles del Tuy.– Juan Carlos Flores cuenta hoy con gracia lo que le sucedió, aunque reconoce que cuando aquel delincuente lo miró a los ojos y le dijo que le entregara sus pertenencias sintió miedo.

El joven obrero, quien trabaja como cabillero en una obra de la Gran Misión Vivienda Venezuela, iba a bordo de una camioneta de pasajeros, donde también viajaban tres antisociales.

Sin darse cuenta, en fracciones de segundos fue víctima de un atraco. “Todos nos pusimos nerviosos, algunos optamos por voltear la cara tratando de escapar de aquellos hombres que nos amenazaban con sus pistolas; otros, ya acostumbrados a estas situaciones, entregaron todo sin decir una palabra”, recuerda Flores.

Los viajeros de la ruta Charallave-Ocumare en los Valles del Tuy fueron despojados de teléfonos celulares, zapatos, prendas y efectivo. Flores no fue la excepción.

“Antes de montarme en la camioneta tuve un mal presentimiento; de hecho, pensé mucho en abordar la unidad, pues acababa de cobrar 32.000 bolívares”, cuenta.

Ese augurio lo condujo a una panadería antes de subirse al transporte público. Allí compró un pan andino, lo abrió por una de sus puntas y “escondió” el dinero en efectivo que llevaba. Se sintió confiado. “Y hasta llegué a pensar que me la estaba comiendo”. Con esa convicción se montó en el autobús.

Cuando uno de aquellos tres delincuentes se le acercó, lo primero que resguardó Flores fue el pan. No tenía prendas y su celular no es atractivo para el hampa, así que le dijo al delincuente que no llevaba nada de valor, sin sospechar que el hampón le respondería: “Pásame ese pan, pana mío, que lo que tengo es hambre”·

 

Flores apretó con fuerza la bolsa. Pensó en lo que había sudado para que un antisocial se lo arrebatara en un segundo. “En ese momento, muchas cosas te vienen a la mente, pero cuando piensas en lo valioso que es la vida, no te queda más remedio que ceder”.

Y eso fue lo que hizo Flores. Sin entrar en diatriba con aquel hombre, que ignoraba el significado del pan andino, se lo entregó, junto a su remuneración por una semana de trabajo, que sin duda le serviría para saciar el hambre, aunque a él lo dejó si medio en el bolsillo.