Pensando en voz alta (y II)

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El Presidente de la nación debe ser una persona con conocimientos, de recto proceder, enterada de los problemas del país, capaz de construir grupos de trabajo multidisciplinarios que instrumenten soluciones, que rinda los recursos humanos y materiales, que sume voluntades y no esté «jodiendo» al que trabaja, al honesto y que quiere producir, hacer y «echar para adelante». Y otra importantísima cosa: Que adecente, depure, limpie la labor pública, la Fuerza Armada, la salud administrativa, de seguridad y los diversos poderes del país. Pero estamos viendo una ejecutoria que se mimetiza con la podredumbre, con la coima institucionalizada, con las lacras sociales (ejemplo: el bachaqueo, operante y ejecutado por los que dicen tener «honor» y «vigilar la seguridad del país» (y esto es «Voz Populi»).

Mientras tanto se hacen discursos acusando el «imperio», llamando a «defender, con las armas o con lo que sea, el sistema», incitando al odio y a la confrontación entre conciudadanos, prodigando amenazas y vociferando que «se profundizará la represión», que habrá muchos presos, etc. Y por ningún lado se menciona cómo se manejará lo relativo a la escasez, las malditas colas que nos quitan mucho tiempo para hacer lo que debemos, cómo mejorará la educación, los hospitales, los servicios públicos, la carestía y la especulación, y tantas otras cosas que nos agobian y nos tiene a los ciudadanos en permanente desasosiego. Quienes no defendemos colores, pero sí queremos paz y un buen país, estamos esperando por eso.