Columna: Desde El Orinoco

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¿Por qué no luchamos por nuestras metas?

Estamos en el último mes del año, se acerca la llamada Nochebuena y la finalización del 2020. Son momentos muy propicios para hacer reflexiones internas, repensar cosas, revisar resultados, evaluar el camino recorrido y, por supuesto, definir nuevas y renovadas metas para nuestras vidas.

En virtud de que muchas personas, realizan esas jornadas de evaluación y definición de retos y compromisos futuros, les quiero hacer unas reflexiones sobre la consecución de metas, logros y anhelos.

Los seres humanos somos capaces de alcanzar metas muy grandes, difíciles, increíbles y hasta asombrosas. Basta leer las redes sociales y los medios de comunicación y tanta información virtual que tenemos a la mano, para comprobar que muchos seres humanos logran hazañas y proezas que llaman la atención de mucha gente. Lo más asombroso, y motivo de grandes reflexiones, es que tales hazañas e impresionantes victorias son alcanzadas por seres tan normales y comunes como cualquiera de nosotros. No se trata de seres con capacidades ni poderes extraordinarios.

Lo único que si resulta extraordinario y notorio, es su confianza en sí mismos, su perseverancia, constante superación, enormes aprendizajes y ajustes en sus actuaciones, así como un inquebrantable esfuerzo por alcanzar las metas deseadas.

Lo que extraemos de tales experiencias, algo que nos debe generar hondas reflexiones a todos, es que la diferencia entre tales desempeños y el resto de los seres humanos, es la respuesta personal que cada uno de nosotros expresa ante las circunstancias que nos rodean. Ante las mismas situaciones adversas, unos triunfan, ganan, vencer, superan retos y muchos otros, se quedan en el camino, se entregan, se rinden, se cansan, desisten y luego, le achacan la culpa a otros, por sus derrotas y fracasos.

Los líderes, gerentes, maestros, guías, padres y orientadores, están en la imperiosa necesidad de provocar un radical cambio en muchos paradigmas actuales y hacer despertar en la gente, esa águila o héroe que llevamos por dentro. Todos somos capaces de superar dificultades y caídas, pero mientas observamos a personas que triunfan, aún con severas limitaciones físicas, muchísimos otros no logramos vencer obstáculos y nos conformamos con resultados grises, mediocres y que no llenan nuestras expectativas existenciales. Obviamente, la razón no obedece al entorno, sino más bien a las respuestas personales que damos frente a ese entorno que nos rodea.

Me permito comentar el resultado de un trabajo de investigación realizado por el Dr. Anthony Campelo, quien dirigió un grupo de especialistas para realizar un interesante trabajo. La investigación buscaba entrevistar a personas mayores de 90 años, a quienes se les hacía la siguiente pregunta:

 Si Ud. viviera de nuevo, ¿Qué cosas haría diferente en su vida?

El estudio reveló que en el 90 % de los entrevistados, se repitieron 3 respuestas comunes. Veamos esas respuestas que se repiten en la inmensa mayoría de la gente entrevistada.
Los viejitos respondieron de forma mayoritaria: “Si viviera de nuevo haría lo siguiente:
1.-Daría más amor a los demás

2.-Lucharía más por mis metas personales

3.-Haría cosas que perduraran en el tiempo, luego de mi desaparición física”
Creo que estas expresiones merecen nuestra mayor atención y análisis.

¿Qué edad tiene Ud, mi querido lector?. ¿Cuánto está haciendo por sus metas personales? ¿Cuánto amor y solidaridad está Ud dando a sus semejantes? ¿En cuántos proyectos comunitarios y en provecho de la sociedad está envuelto?. ¿Qué acciones está tomando para dejar “huella” a su desaparición física? ¿Piensa esperar a tener 90 años para arrepentirse de no haber hecho, lo que AHORA usted puede hacer y no hace con dedicación?

En mis labores de consultoría y formación, me tropiezo mucho con casos de personas que, atribuyen al entorno o a otras personas específicas el no haber llegado a determinas metas o en otros casos, reconocen que les ha faltado “ganas” de luchar por esos objetivos personales. Pero lo más preocupante, es que la mayoría de las personas, no tienen metas claras a buscar, ni preciados sueños por materializar, ni una planificación o proyecto personal para sus vidas.

Eso significa andar vagando por este mundo sin saber que se espera lograr. Allí se cumple la conseja gerencial que reza. “Quien no sabe para dónde va, cualquier viento le favorece”.

Creo que resulta imperioso revisar nuestra conducta. Si vamos por buen camino, si tenemos ese proyecto de vida y consideramos que avanzamos en la ruta correcta, si sentimos que dedicamos mucho esfuerzo a cristalizar los sueños y sentimos esa satisfacción….entonces felicitaciones.

Pero si no tenemos ese rumbo claro, si no estamos teniendo la vida que deseamos, si sentimos que no estamos plenamente felices con nuestros resultados, entonces es tiempo de rectificar. Nos puede ocurrir que a los 90 años, tengamos que responder como las personas del interesante estudio del Dr. Campelo.

Nada se logra, con expresar “deseos” este próximo 31 de diciembre, si usted no se comprometa seriamente con esas metas y trabaja fuertemente por lograrlas. Todo depende de nosotros mismos. Los resultados obtenidos son la consecuencia de nuestras acciones.

 ¿Qué piensa mi querido lector?

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Waldo Negrón. Gracias por leerme.

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