¿Por qué no somos puntuales?

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Quiero compartir con mis lectores, una historia que revela la importancia de la puntualidad en nuestras vidas.

El sábado 24 de junio de 1950, comenzó a jugarse la Cuarta Copa Mundial de Fútbol en Brasil. Para dicha ocasión, como no podían ser menos, en la ciudad de Río de Janeiro se construyó simplemente el estadio más grande del mundo. Se le conocería con el nombre del río que transcurre justo enfrente: el Maracaná.

Los accesos del estadio no se habían terminado, pero igualmente, y bajo una pertinaz lluvia, el equipo de Brasil y México dieron inicio al torneo.

En este histórico juego, ocurrió un sorprendente hecho que resultó más noticioso que el partido mismo.

Para el juego inaugural, a celebrarse ese 24 de Junio, a las 3 pm (hora local) estaba prevista la presencia del Presidente de Brasil, Gaspar Dutra. El nerviosismo invade a los organizadores, porque se acerca la hora del juego y el Presidente no se ha hecho presente en el estadio. Los equipos estaban calentando y preparándose de manera normal, sin saber que en la tribuna presidencial había mucha preocupación ante la demora del Presidente. Las autoridades de la FIFA, conversan con el árbitro del juego para esperar unos minutos, después de las 3 pm, para iniciar el partido. Pues resulta, queridos lectores, que el árbitro del partido, el inglés George Reader, fue muy categórico y respondió: “El partido comenzará a la hora programada”

Efectivamente, a las 3 pm en punto, el referido árbitro da el pitazo inicial y se inicia el partido…..sin la presencia del mismísimo Presidente de la Republica

Esta dura lección, necesaria y conveniente, dejo atónitas a muchísimas personas. El partido lo ganó Brasil 4×0 a México….y el mundo recuerda más que ese partido se inicio sin la presencia del Presidente de la Republica

Posterior al partido, entrevistaron al árbitro George Reader, quien acostumbraba en su país a comenzar siempre los encuentros con puntualidad. El Sr Reader explicó que la prensa extranjera y los reporteros de radio, estaban sujetos a un horario y que debían pasar sus informes a periódicos y emisoras en un momento fijado. Ese partido era de importancia internacional, con muchos medios de comunicación, contratos de señales satelitales y toda una organización mundial que no podía ser alterada porque el Presidente llegara tarde

Como elemento curioso, y altamente aleccionador, les comento que dos semanas después, se disputó el encuentro decisivo frente a Uruguay, y esta vez, el Presidente, su familia y un montón de otros funcionarios…… estuvieron sentados en sus lugares, veinte minutos antes del horario anunciado para el comienzo del partido.

¿Que lección nos deja esta historia?

Creo que ese relato encierra una extraordinaria lección para todos. Sabemos que los latinos y particularmente los venezolanos, en su mayoría, tienen la errada convicción de que la puntualidad no es necesaria y que es “normal” llegar tarde a nuestros compromisos.

Esta equivocada concepción y la derivada costumbre de llegar tarde a todo tipo de actividades, nos trae demasiados efectos negativos al país.

La llegada tarde, demora todos los eventos, reuniones, actos y cualquier tipo de actividad que se realiza en empresas, instituciones, entes oficiales y cualquier organización. Llegar tarde es irrespetar a los que llegan temprano, se pierden cuantiosas cantidades de dinero en sueldos de personas esperando, pérdida de tiempo, baja efectividad en las tareas y metas de las organizacional….y una incontable sucesión de efectos negativos para las personas y sus instituciones

Los líderes, padres, maestros, supervisores, ejecutivos, directivos de las instituciones de gobierno y todos los ciudadanos, debemos hacer un gigantesco esfuerzo por mejorar la conciencia nacional por una mejor puntualidad en toda la vida empresarial, institucional y de toda actividad que realicemos en Venezuela

Alcanzar el desarrollo, ascender entre los países mas prósperos y desarrollados, implica que los venezolanos mejoramos este perverso error conceptual de “justificar” la impuntualidad. Tenemos un gran reto por delante. ¿Usted lo asume mi querido lector?

Hasta la próxima semana. Gracias por leerme.

 

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