Realidades en cola

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Realidad y verdad son dos conceptos claves en la ciencia social. La realidad está llena de emociones, intereses, sentimientos conocimientos de todo tipo, científicos y vulgares; valores, traumas y todo lo que redondea la vida y la comprensión de un individuo. Como verá mi querido lector, usted es el rey y guardián de su propia realidad. Es el mito del poder que se deriva de la añeja imagen y semejanza divinas. Usted es el Dios de su mundo, de su realidad. Habrá tantas realidades como personas e interpretaciones existan. Ya la idea de verdad es otra cosa más elaborada. La verdad es una sola, pues si fusen muchas pisamos el terreno del primer concepto. La verdad es única, universal y contextual a la vez, una variopinta de saberes y oscuridades tejidos en planos diferenciales, fundamentalmente compleja. Pero evitemos lo doctoral por ahora que no ayuda pero queda claro que hay pocos en verdad y muchos en realidades propias y ajenas al mismo tiempo. Claro, lo factico no perdona. Si hay comida o no hay comida no se discute se compra o se pasa hambre.

La mayor parte de lo que escuchamos hoy en Venezuela está en el plano de las realidades. El crear la realidad de bienestar por un movimiento político es tan igual como promocionar un nuevo producto. Que sea bueno o no, ya son cosas del mercadeo y de la ética de la publicidad. Pregúntalo en la política venezolana.

Hay que estar bien parado para aproximarse a la realidad que se teje, diariamente, en las correrías y disquisiciones colectivas que elaboran los venezolanos paraditos como zombis en la cola para adquirir productos básicos a precios regulados. Los invito a que lo hagan…por horas… parados bajo el sol candela de Upata, Maracay, Cabudare, y por ahí, escuchen y hagan prospectiva política del futuro electoral parlamentario. Muchos de los líderes del partido de gobierno que se volvieron mediáticos y se convirtieron en Dráculas, que les molesta el sol candela que lleva el pueblo en la cola y el camino, aún creen que insuflando banderas de la guerra contra el pasado, los partidos, el bolivarianismo y la revolución, podrán retomar la euforia y la aceptación de otrora. La gente no es tonta y no le gusta la cola, la libreta con número de cedula que sólo te da chance para comprar un día fijo, te liquida cuando «precisamente en tu día no hay nada bueno que llevar». Entonces, la gente recuerda con melancolía: Los sábados cuando yo hacía mercado; cuando se conseguían las cosas sin pelear con otros, cuando los precios eran accesibles a todos.

Si esto molesta, sólo deben ir y hacer su colita como hago yo, me levanto temprano, respiro duro y comienzo el vía crucis comercial, mirando las bolsas que llevan otros, preguntando por los callejones, pelándole el diente a cajeras, empaquetadores, jefes de seguridad y a cualquier pana de abasto. A los muchachos no se les puede dar té o refresco, la leche es un bien inelástico y no tiene sustituto, tanto como la carne, el café y las medicinas de la diabetes y la tensión, por no decir los retrovirales del sida y el cáncer. No es un problema de realidades ni verdades sino de la fáctica exigencia de la vida. Hambre y comida, enfermedad y medicina…esa es la cuestión.