“San Félix sería una tacita de oro”

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El esplendor que ostenta la unión de los ríos Orinoco y Caroní, la cuota histórica que guardan sus avenidas, cerros y plazas, la candidez escondida de los indígenas que moraron en sus espacios y el inquebrantable recuerdo de camaradería que conservan los habitantes de San Félix de Guayana, hace de ella una ciudad auténtica, que no necesita de otras para tener su propio espacio en los libros.

Simón Bolívar, ante la victoria alcanzada en la Batalla de San Félix, el 11 de abril de 1817, ratificó que era el suceso «más brillante que hayan alcanzado nuestras armas en Venezuela», y con ello, la exaltación de Manuel Piar, quien lideró el combate suscitado en el Cerro El Gallo.

Ese hecho, según los historiadores, significó la «entrada triunfal» de esta provincia a la historia de Venezuela, de América y del mundo. Desde ese momento, comenzó a marcar la pauta siendo la más grande del país, y sus habitantes disfrutaron de esa «época dorada» que, entre otras cosas, generó muchas riquezas.

«Hay una sucesión de hechos que le dan trascendencia histórica a San Félix, una sucesión que debió construirse, documentarse y guardarse porque fue una época brillante para la economía nacional. Se rompió una vieja dominación española y de ahí otras similares», cuenta Nolasco Guarisma Álvarez, cronista sanfelicense, de 76 años, que lleva más de cinco décadas viviendo en la ciudad que ama, aunque no lo haya visto nacer ni crecer.

Él es referencia cuando se habla de la ciudad, no solo por los años de estadía, sino porque se ha dedicado a estudiar cada detalle de su fundación. Este oficio lo comparte con un grupo de historiadores que sienten la misma pasión, pues asegura que «el cronismo no es una profesión, es un género periodístico, pero hacerlo se lleva aquí» (en el corazón –señala-).

Guarisma no estaba tan lejos. Nació en Ciudad Bolívar, en el Cerro El Chivo, creció en Maracay y se vino a San Félix, el lugar donde se formó, prosperó e hizo su familia lo llenó de dicha, razón por la que terminó adorándolo. Sin embargo, para él, este 2 de julio «no hay nada que celebrar», pues está en desacuerdo con que «se diga» que «tal día como hoy se fundó San Félix, como lo hacen muchos». «Ese año solo se concretó la preservación de su nombre, dada la importancia que tenía para los venezolanos».

«ESO NO VA PORQUE NO HAY RECURSOS»

Con firmeza y propiedad, sostiene que San Félix de Guayana ya era una ciudad, «no podía decretarse su fundación en el mismo escenario ya habitado». Atribuye el «error» a quienes documentaron los hechos, ya que está convencido de que «la historia hay que escribirla con cierto desprendimiento de las cosas personales» para que pueda llamarse así. «Es una loquera afirmar que San Félix nació hace 54 años». A diferencia de Ciudad Guayana, unión de esta con Puerto Ordaz, Caruachi y Castillito, que sí se decretó en esa fecha.

El cronista no deja de lamentarse por lo mucho que pudo hacerse en la ciudad. Afirma que «San Félix sería una tacita de oro, desde el punto de vista turístico, si hubiese habido responsabilidad por parte de los gobernantes». Rechaza que la necesidad de lucro haya convertido a la vieja provincia «en una montaña de concreto, sin forma e invivible».

La culpa, a juicio de Guarisma, es «de los que mandaron y de los que están mandando» porque cuando se les pide hacer algo para rescatar la tradición local, «la respuesta que recibes es: eso no va porque no hay recursos». Al mismo tiempo, valora la intención de sus homólogos por revivir cada momento en sus páginas y mantener vivo el amor por su patria.

«Con nostalgia veo la ciudad que conocí y la que es ahora. Pienso, reflexiono y digo: Esta es y será la esperanza pospetrolera de Venezuela. Lo sigo pensando… y llego a detectar el peligro en el que está eso porque quienes dominan el poder se preocupan por sacar las riquezas y llevárselas».

ENTRAÑABLE RECUERDO SIGUE INTACTO

Con añoranza, el periodista continúa sacudiendo su memoria, lugar donde atesora sus recuerdos, y cuenta cómo era la ciudad hace unos años. «Los vecinos se sentaban al frente de sus casas a conversar, jugaban dominó y quienes trabajaban ya en las empresas básicas se encontraban mientras esperaban su transporte. Había mucha camaradería».

Extraña la época en la que se podía hablar con los amigos con respeto y sinceridad, pese a tener diferencias políticas y sociales. «La clase media no existía: o eras pobre, o eras rico. Los profesionales eran la clase pendeja porque igual tenían que salir a trabajar para subsistir. La gente se preocupaba porque no había liceos, tocaba puertas al gobierno hasta conseguir lo que querían; todo enmarcado en el respeto».

Igualmente recuerda que los policías «eran muy ágiles» porque atrapaban «de inmediato» al que, siquiera, robara una gallina; recogían al que se había pasado de tragos y lo llevaban hasta su casa «a esperar que se le pasara la mona». Del mismo modo, recalca que la inseguridad en la región no es propia de esos tiempos, sino de mucho antes, incluso rememoró cuando al expresidente Rómulo Betancourt también lo asaltaron.

«La gente iba en curiaras a las playas de San Félix, donde vendían de todo, hasta medicinas. Iba y compraba lo que se le antojaba. Los jóvenes se preparaban y estudiaban porque querían trabajar en las empresas básicas, los profesionales eran buenos. La medicatura rural, que quedaba detrás del Liceo Antonio de Berríos, funcionaba muy bien y Sanidad estaba pendiente de todo, hasta de las mujeres que trabajaban en los bares nocturnos».

La ciudad ha crecido 20 veces, citando a Guarisma, y las opciones que brinda a sus residentes y visitantes son encantadoras, hasta que quienes quieren escoger una de ellas escudriñan y se dan cuenta de que hay mucho por hacer, por mejorar, por producir. No por esto dejan de ser atractivas, pero cómo se explica entonces que cientos, por no decir miles, han decidido emigrar. Algo está pasando y es evidente, ese algo debe corregirse.

Finalmente, el cronista guayanés invita a los pobladores y gobernantes de esta ciudad privilegiada a pensar y reflexionar en la siguiente interrogante: «¿qué será de esto si se desvanece la esperanza pospetrolera de nuestro país?».

DE LA FANTASÍA A LA REALIDAD

Para el historiador Nolasco Guarisma Álvarez «aquí tiene que haber un cambio». Refiriéndose al comportamiento de quienes viven en Ciudad Guayana, dijo que todos deben experimentar un cambio de conducta, pero principalmente aquellos que manejan el dinero de la nación. «Debemos ir de la fantasía a la realidad, debemos seguir la búsqueda y promoción del talento que pueda crear la estructura que haga posible el desarrollo y el crecimiento de la región».

De igual manera, considera que «un simple pero muy responsable ejercicio legislativo» sería suficiente para para devolverle a la ciudad lo que le pertenece, y en el caso específico de San Félix de Guayana, su titularidad como capital del municipio Caroní. «Lo demás sería lo que ha sido siempre: falacia y más falacia».