Sector formal 26-09

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Aguas arriba

El sector formal de la economía es fundamental para una nación, sin importar su tamaño o tendencia política. Este garantiza prosperidad a través de la generación de empleo de calidad, pago de tributos y la masificación de negocios, dado que el efecto multiplicador de emprendimientos sólidos es tendiente al infinito. Considerando esto, el darle la oportunidad a una entidad de entrar al mercado, permite que de forma consistente se adhirieran nuevos segmentos en el muy corto plazo.

Los grandes proyectos empresariales requieren de proveedores de bienes y servicios de todo tipo y tamaño, por lo que estos deben estar atentos a la posibilidad de asistirlos. Para ello, la formalidad de sus propios negocios es clave, dado que ninguna empresa mediana con solidez o grande con trayectoria querrá trabajar con organizaciones que –por ejemplo-no emitan facturas y que sean evasores confesos del sistema tributario y/o laboral.

 

Otro punto importante de la formalidad siempre será la posibilidad de tener acceso a la banca, lo que sin duda alguna puede traer beneficios de todo tipo, considerando que el apalancamiento permite hacernos de recursos para crecer. Allí también entrará la sensatez de los socios y directivos, que de una u otra forma garantizará la optimización y ejecución correcta de dichas herramientas.

 

Aguas en el medio

En la teoría, todo tiene sentido y se entrelaza de manera perfecta. El gran reto es poder tener el tesón y optimismo para poder emprender negocios que vayan más allá de nuestra cocina, patio o anexo. La justificación habitual es que ser formal implica más riesgos en un contexto adverso y parece que de forma inmediata delimitamos nuestra actuación y hacemos que muera el proyecto sin haber siquiera iniciado.

 

No es secreto que las condiciones son totalmente adversas y que cualquiera que lea este artículo opinará que todos estos comentarios son una sarta de sinsentidos e incluso de desubicación espacio-tiempo; no obstante, lo interesante de todo esto es que los optimistas y emprendedores en general pasan por encima a ese tipo de críticas y más se esfuerzan por crecer tanto puertas adentros, como puertas afuera, y eso es lo que hace y hará la diferencia.

 

Una persona o grupo de personas que quieran iniciar un proyecto deben comenzarlo con mucha cautela. Ciertamente, el momento no es propicio para tomar grandes riesgos; no obstante, proyectos que se me comiencen bien y de a poco podrían ser prósperos en el mediano plazo y los riesgos asumidos pudieron ser en su momento de bajos a moderados. Aquí lo importante será la planificación –en la medida de lo posible- para poder de manera sistemática iniciar con buen pie.

 

La persona que comience vendiendo comida a pequeña escala y que nunca desee formalizar, reinvertir y mejorar, siempre será el «de la esquina». Por otro lado, el que comience en un espacio muy pequeño, pero que tenga una visión de corto y mediano plazo, podría ir marcando su crecimiento con mucho pulso. Ejemplos de esos hay por cantidad.

 

Aguas abajo

Es un poco deprimente escuchar a personas quejarse de absolutamente todo, haciendo comentarios rimbombantes, pero que no aportan siquiera una fuente de empleo formal y de mediana calidad –ellos tendrán sus razones válidas-. Ese no es el tipo de emprendedor que se requiere –realmente ese no es un emprendedor, de hecho-, dado que no solamente con nuestros pensamientos cambiaremos el entorno. Para poder cambiarlo, debemos dar mucho más que eso.

 

Uno de los aspectos que más desfavorece a los emprendimientos en la actualidad son los altos niveles de malas prácticas que conseguimos en las instituciones públicas, donde de una u otra forma se logra ensuciar el deseo de hacer cosas positivas. Allí, será fundamental para los emprendedores tener la entereza de mantenerse firmes en sus valores éticos/morales y salir adelante por las vías legales –posibles- de cualquier asunto generado de forma advertida o inadvertida. Esperemos que el Estado lo entienda, lo asuma y lo mejore.

 

De igual forma, es importante que separemos al emprendedor verdadero, al oportunista que solo quiere pasarse un producto de una mano a la otra con el único fin de engrosar la cuenta. Justamente ese es el que alimenta el mercado de las malas prácticas y que vuelve al sistema crónico. Por lo pronto, es importante abrir la mente y hacer cosas que valgan la pena, a menos que el plan sea otro –lo cual, también es válido-. Hasta la próxima entrega. @wlagc http://actualidadfinancierayfiscal.blogspot.com/