Sin crítica construimos nuestra derrota (I)

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Desde hace mucho tiempo, el gobierno perdió la capacidad de la crítica. Sólo acepta la lisonja, la adulación. De esa manera, se cegó a la realidad, construyó una burbuja, se encapsuló y se defiende contra todo desagrado. Las malas noticias no tienen entrada en la burbuja, quien disienta es defenestrado, las sombras son execradas, las manchas ignoradas; sólo la luz, el brillo, tiene cabida en ese mundo ficticio. Allí todo está bien, no hay errores, fallas, es el país de las maravillas; si algo sale mal, la culpa es de otros, nunca del gobierno, el que discrepe está bajo sospecha.

En esas burbujas se vive bien… durante un tiempo corto, todo es alegría; luego se desinfla y viene la decepción brutal, lo imaginado se destiñe, pierde colores, la realidad atropella a la soberbia, la cápsula se desintegra, se abren nuevos tiempos.

Así le pasó a Carlos Andrés. Se construyó una burbuja, asumió la presidencia como un rey y, a los pocos días, la realidad derrumbó su castillo de cristal. Exiliado en el norte, todavía hablaba como si lo oyeran aquellas multitudes que caminaban otros rumbos, levantaba los brazos, gritaba consignas, se creía aún vocero de las masas. Ese es el castigo a los gobernantes que se engañan y construyen su propio mundo de soberbia.

Este gobierno padece del mal de la soberbia, no tiene capacidad de corregir porque no tiene capacidad de crítica, perdió los sentidos que lo conectarían con la realidad. Gobernó con el eco del gobierno anterior, Chávez le dejó una herencia que ha ido dilapidando, imitó la superficie del chavismo y perdió la esencia; ordenan como antes pero la varita mágica no hace magia, dicen las palabras del hechizo pero no hay milagros: algo se perdió y no lo encuentran.

Ante esta realidad, hay que correr el riesgo de decir lo que no se quiere oír, no es posible contribuir con la burbuja, admitir que todo está bien, no criticar. Eso sería condenar al gobierno al fin ineludible de todas las burbujas. Pero tampoco podemos callar, eso sería desleal con Chávez y con este proceso. Es necesario seguir diciendo.

Hoy estamos enfrentados a lo que se ha llamado una guerra, primero económica, luego de agresión abierta de los gringos. El gobierno se mueve a enfrentarla pero no obtiene resultados. Esta es la primera verdad, peligrosa para quien la diga, pero imprescindible para salvar al gobierno y, más allá, a la revolución, al legado de Chávez. Las medidas del gobierno, sus acciones ¡no han dado resultado! Hay que ser bien adulante para negarlo, para hacerle ese mal al gobierno y a la Revolución.

Podríamos hablar de las dificultades económicas, la escasez, el precio del dólar, las colas, el bachaqueo; podríamos apuntar el error de buscar la solución en la burguesía, pero ya es cosa sentida y sabida. Hoy es muy importante reflexionar sobre la agresión del capitalismo gringo. Veamos.

Lo primero es que nos estamos deslizando hacia escenarios de la guerra chino-gringa que no nos pertenecen. Estamos enfrentando la agresión del capitalismo gringo desde el capitalismo que se ha enseñoreado entre nosotros luego del asesinato del Comandante. Al alejarnos del Socialismo, al convertirlo en algo meramente declarativo, hemos perdido la fuerza del espíritu que es fundamental para enfrentarnos al imperio, hemos confundido lo material con lo espiritual y tomado el camino equivocado, construimos nuestra propia derrota.