Tarántulas guayanesas maleficarun

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La maldad, resultado indeseable de la marginalidad, no tiene límite en Venezuela, en este tiempo y momento. Cuando un pueblo utiliza su creatividad y sus capacidades para dañar a otros es muy pobre. Ahora, juzguen ustedes cómo va la pobreza en Venezuela, quiénes son los responsables y hasta dónde aguantará una sociedad con semejante cáncer a cuestas. Estos relatos son verificados y no pertenecen al repertorio de mis muchos inventos de escritora. Todo se inició con el dialogo y terminó como una entrevista en profundidad a las personas atracadas.

Por Colinas de Bello Monte abajo, espacio que era tranquilo, tradicionalmente albergue de italianos y españoles de postguerra, oficinistas y trabajadores del tercer sector, se desató una mega ola de atracos a toda hora. ¡Pensar que aún no inauguran la estación de metro y que sólo dieron salida a la autopista de forma directa para evitar el embotellamiento del Recreo. ¡Dios, lo que les espera! El caso es que una banda de delincuentes se ha dado la tarea de subir por los edificios a media noche y los atracan. ¿Qué tal?

Cuenta la señora XX (no puedo divulgar la fuente), la cual, vive con dos menores y su madre octogenaria que ¡de pronto!, sintió como su gato maulló y se escondió debajo de su cama como alma que lleva el diablo. El minino inteligente y casi humanizado, diría yo, maullaba en voz bajita y alertó de la rareza a su dueña. Al encender la luz y aún sin desandar la noche de la cama, tres hombres con capucha la apuntaron, amenazaron, amarraron e imagínese el resto. Apuntando la cabeza de las niñas llorando, con las consabidas amenazas: las llaves del carro, la clave de la tarjeta, todo el dinero, las joyas… bla, bla. Entraron por el balcón y salieron por la puerta llevándose llaves, bienes, las cuatro lochas, la alegría, la esperanza y la felicidad de esa gente. Sólo les dejaron un pírrico alivio al decir: «al menos no nos mataron y nos hicieron daño».

¡Que desgracia de consuelo! Creo que les hicieron un gran daño; quizás hasta irreparable en la mente de las menores y de todos. Ahora, ¿la seguridad de Baruta es de quién? Aquí comienza el peloteo y caemos en la perorata que si poder central o la oposición. Que si el alcalde no tiene los reales para la policía de Baruta, que si no les bajan una puya, que si el Alcalde mayor está preso y perseguido (está en su casa, guardadito, sin reales y sin equipo de trabajo, ¿parece? para atender la tarea del mando), así quiere ser presidente, je je. El gobierno central les puso cámaras en la zona pero, únicamente, para ver quienes activaban la guarimba, no para cuidar a la ciudadanía. El pueblo todo de una y otra banda política sufre de la nueva figura del meleficun maleficarum hombre araña. El malandro no te preguntará si estas en la lista del Taskon, si votas en la Asamblea por el «no te equivoques» o por la Mesa. Te atraca… etc…y punto.

Las consecuencias han sido que las gente se apertrechó dentro de sus casas para enfrentar una guerra y se auto enjauló. Esa acción no es la salida. Sugiero que más que trancarse hay que salir al ruedo. La situación ha llegado a Guayana y la zona de Los Altos como otras de clase, más o menos, ya están siendo víctimas de las tarántulas. Poner una reja sólo los aísla más y les deja el terreno libre a los motorizados y malandros que han tomado la zona, pero no resuelve el problema del Sur, ni de Venezuela. Se requiere más creatividad en el bien para enfrentar al mal, para acabar con las tarántulas del averno de los pranes. Las ideas empezarán en la próxima entrega… No se las pierdan.

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