¡Tercera carta a un futuro empresario!

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¿Cómo saber cuáles son las variables que integran ese talento natural para ser un empresario de éxito?

Primera: ¡Confianza en uno mismo!

La confianza en uno mismo es el primer secreto del éxito y de las grandes conquistas, ya que la misma nos da coraje y amplía nuestros horizontes. Nos permite asumir mayores riesgos y llegar mucho más lejos de lo que imaginamos. ¡Cree siempre en ti y ten fe en tus capacidades!

Pero esa confianza en uno mismo, debe de estar basada en la realidad. Una realidad que responda honestamente a dos preguntas: ¿Tengo el conocimiento, la habilidad y la convicción para hacer exitosa mi idea? ¿Esto es lo que quiero y estoy dispuesto a conseguirlo, sin importarme lo que me cueste, ni el tiempo que me tome?

Si la respuesta en ambos caso es: ¡Sí! Estaríamos frente a una persona que cree en los grandes cambios, y que sabe que estos conllevan a grandes sacrificios, pero que está dispuesto a hacerlos por sus ansias de ver triunfar su idea; y donde otros muchos ven riesgos, él está viendo oportunidades, donde otros ven fracasos, él ve victorias. Quiere buscar un destino diferente, y está dispuesto a recorrer un camino diferente, porque sabe muy bien que nunca va a conseguir más que los demás, si continúa haciendo lo mismo que todos.

En una oportunidad Warren Buffet dijo: «Yo siempre supe que iba a ser billonario, y nunca tuve duda de que así sería». En otra, Michael Dell, fundador de Dell Inc., a la edad de 19 años su padre le preguntó: «Michael, ¿Qué quieres hacer con tu vida?» a lo que él respondió: «Competir con IBM»
Yo mismo, siendo un niño, estudiaba en la escuela de mi pueblo, en la cual se reunían en un mismo salón a todos los niños del pueblo. En dicha escuela, estábamos unos 15 niños de distintas edades, y con conocimientos diferentes. Allí, el maestro Don Delio con gran destreza, lograba darle a cada uno la instrucción acorde a la edad.

Recuerdo que una vez, nos hizo la misma pregunta que el papá de Michael: ¿Qué quieren ser, cuando sean mayores? Unos respondieron que querían ser bomberos, otros policías, otros médicos; y algunos, algo más pragmáticos dijeron: «Yo abogado» (me disculpan los abogados). Cuando llego a mí, respondí sin pensarlo: «¡Yo, millonario!». «Carlos, tú sí eres degenerado». Me sentí en ese momento avergonzando. Seguramente no tenía que haber sido tan sincero en mi respuesta.

Más tarde, cuando cursaba quinto año de bachillerato tuve que decidir qué carrera estudiar. Yo, en ese momento tenía la impresión de que la carrera más afín a lo que yo quería ser desde pequeño era: Economía. Sin saber el porqué, yo la relacionaba con el dinero. Sin embargo, mi padre sabiendo que todavía era muy joven para tomar una decisión tan transcendental, y seguramente pensando que yo no tenía el criterio suficiente para tomar una buena decisión, buscó una solución; y descubrió que en la Universidad Simón Bolívar hacían un test para analizar las habilidades de un joven, y saber así cuál podría ser la carrera donde tendría más posibilidades de llegar a ser exitoso. Para suerte mía, me salió que yo tenía que ser: ¡Economista! Esto, me evitó un buen enfrentamiento con mi padre, ya que era, precisamente lo que yo quería.

Hoy, pensándolo bien, no creo que el test fuese de los mejores, ya que estoy lejos de ser un economista brillante. Lo que sí debo agradecerle a la carrera, es que me dio muchos conocimientos y herramientas, para intentar lograr algo con lo que soñaba desde niño: «Ser millonario».

cdoradof@hotmail.com