Turba enardecida golpeó a tres delincuentes en La Churuata

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Aproximadamente a las 8:30 minutos de la noche de este jueves fueron linchados tres delincuentes por los habitantes de los bloques 2 y 4 del conjunto residencial La Churuata, en Puerto Ordaz, cuando fueron sorprendidos desmantelando un vehículo en el estacionamiento.

Testigos oculares relataron que el trío de criminales violó la seguridad del recinto e ingresó a bordo de un Chevrolet Corsa, color gris. Supuestamente, ya tenían “pillada” la ubicación de la unidad que se encontraba parqueada frente a un árbol que tapaba la visibilidad hacia los edificios.

Aprovechándose de la oscuridad imperante y la falta de alumbrado público en las caminerías, Jorge Padilla, de 34 años; Hiran Requena, de 28, y John Martínez, de 25, procedieron a descender del automotor y “fingir demencia” para evitar ser descubiertos.

CRUZ EN LA MANO

De acuerdo con la información recolectada, uno de los pillos sacó del maletero del carro donde venían, una llave de cruz, artículo mecánico clave que permitió que, en cuestión de segundos, extrajeran los dos neumáticos delanteros y los traseros.

Una fuente indicó que mientras los hampones hacían de las suyas, unos jóvenes que realizaban actividades deportivas por las instalaciones se percataron de que algo andaba mal. Se acercaron hasta donde estaban para constatar su suspicacia.
Allí pudieron darse cuenta de la actitud nerviosa que tomaron los sujetos, acción por la cual “jugaron al vivo” y realizaron unas rondas de preguntas para descartar cualquier acto delictivo.

“Los jóvenes pasaron y vieron algo raro, se acercaron y le preguntaron a los delincuentes si querían ayuda. Lo único que le dijeron fue que no, porque ya estaban a punto de retirarse”, relató una habitante.

EL CARRO DE UNA AMIGA

“Los héroes”- llamados así por los residentes por interrumpir la acción vandálica- no quedaron conformes y se quedaron en el sitio para seguir investigando. En la conversación, Hiran Requena les relató que estaban arreglándole el automóvil a una amiga que les había solicitado el favor.

Tal afirmación hizo que uno de los chamos le solicitará el número telefónico de la propietaria para comprobar la información. Sin embargo, Requena simuló que estaba comunicándose con la víctima asegurando que todo estaba bajo control y no había porque molestarte.

Solo bastó que el bandolero diera esa respuesta para comprobar que se trataba de un desmantelamiento. Los deportistas sabían que el verdadero propietario del automotor involucrado era una persona mayor que vivía sola en uno de los apartamentos.

REGÓ LA VOZ

Al enterarse de la noticia, los habitantes de La Churuata no tardaron en regarla como pólvora por toda la urbanización, procediendo a cerrar los tres portones para evitar la huida de los maleantes.

Fue de esta manera como, armados de palos, tubos, piedras, ollas y otra cantidad de objetos y utensilios, tomaron la acción de golpearlos hasta dejarlos malheridos en medio del pavimento, no sin antes destrozar todas las piezas mecánicas del Corsa hasta voltearlo “patas arriba”.

A pesar de haber notificado la irregularidad al Centro de Coordinación Policial (CCP) Los Olivos, aseguraron que se tardaron más de 40 minutos en llegar.

Tras hacer acto de presencia y salvaguardarle la integridad física a los lesionados, reportaron la novedad al Servicio de Emergencias 171 Bolívar, cuyos funcionarios se encargaron de trasladarlos hasta la sala de emergencias del Hospital Uyapar en una ambulancia.

NO ES LA PRIMERA VEZ

Habitantes de La Churuata denunciaron que no es la primera vez que los amigos de los ajeno visitan el estacionamiento. Aseguran que debido a la ola delictiva imperante, decidieron armar varios grupos que tendrán como objetivo principal “custodiar cada uno de los espacios” durante las 24 horas del día, para evitar que se sigan suscitando estos hechos.

“La comunidad estaba a punto de rociarlos en gasolina para prenderles candela, pero como no conseguimos combustible y llegó la policía, se pudieron salvar. No es la primera vez que nos pasa”, confesó una testigo mientras recordaba cómo la turba enardecida golpeaba una y otra vez a los maleantes.