Vamos mal, pero podemos estar mejor (y II)

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Pero no todo está perdido. Como bien lo dijera Martin Luther King «Si supiera que el mundo se acaba mañana, yo, hoy todavía, plantaría un árbol.» Un sujeto y un predicado. El cambio no puede venir de la mano de nuevos gobernantes. No. La evolución no puede caer del cielo. No. La responsabilidad del destino de nuestras sociedades, de nuestros pueblos, de nuestra descendencia y tradiciones está en nuestras manos y no en un funcionario de turno. Ya es momento de dejar a un lado esa proyección psicológica de la culpa para entender que los únicos responsables de todo lo bueno y malo que pasa en nuestros pueblos somos nosotros mismos. Cuando no respetamos el semáforo, cuando nos quedamos con algo que no es nuestro, cuando miramos al otro lado cuando se comete una injusticia, cuando simplemente pretendemos ignorar como esperando que eso o aquello no nos pase a nosotros. No, definitivamente no.

El sentido común y de pertenencia, debe estar de la mano, independientemente de la clase social y nivel educativo. Debemos exigirnos a nosotros mismos el mejorar todos los días. De allí hay muy buenos ejemplos, como el de la Calidad Total creado y promovido por los japoneses, donde el objetivo consistía en mejorar algo diariamente, por muy sencillo que fuera. Eventualmente, si todos creáramos este hábito tan sano y proactivo, comenzaríamos a notar la diferencia y a entender que con sacrificio, trabajo y dedicación, sumados la genuina voluntad de querer preservar lo propio y colectivo, las cosas mejorarán.