Venezuela: decisiones y precios

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Alberto José Hurtado B

La dinámica de los mercados se comprueba en la vida cotidiana y, por más ocultas que estén las estadísticas, el resultado de un proceso de recesión es la menor disposición de productos para el intercambio en la economía. En Venezuela, donde se combina caída de la producción con exceso de demanda de bienes y servicios debido al aumento de la cantidad de monedas y billetes en circulación y no como resultado del incremento de la productividad del país, se presiona al alza los precios de los pocos productos que aún se transan, aumenta el desempleo, y se incrementa los niveles de escasez y desabastecimiento.

Dicha realidad exige decisiones de política económica para corregir los desequilibrios evidentes en la economía, con la premura de quien es consciente de la gravedad de la crisis y tiene claras sus consecuencias, con criterio de humildad para reconocer los efectos negativos de las políticas previamente implementadas e iniciar un esfuerzo estabilizador combinando adecuadamente los instrumentos disponibles. En este marco, muchas medidas se pueden tomar y diversas alternativas de intervención en la economía se pueden sugerir, pero ante la actual situación del país lo primero que deben hacer las autoridades es reconocer lo inconveniente de considerar la variable precio de los productos como sinónimo de su costo total de producción, debido a que conlleva a un sesgo ideológico, acota el papel de dicho parámetro, y limita la gestión pública en economía a la definición y revisión de la estructura de costos de todas las cadenas productivas.

Los precios representan la cantidad de dinero que permite la adquisición y uso de un producto, y se determinan en función de la negociación en el mercado según lo que los compradores estén dispuestos a pagar y lo que los vendedores pidan por dicha mercancía. Así, se toma en cuenta el esfuerzo necesario para producir el bien que se intercambia, la salud de la economía donde se hace la transacción, las expectativas de oferentes y demandantes acerca de los precios futuros de las mercancías utilizadas como insumo, los avances tecnológicos que mejoran la productividad, entre otros factores que condicionan el precio final de un bien.

Facilitar la definición de los precios de las mercancías que se intercambian en la economía venezolana tomando en cuenta todas las variables que los determinan, o al menos actualizar los precios máximos rezagados desde 2007 a valores monetarios equivalentes al precio del mercado, sería un primer estímulo a la actividad productiva nacional y corregiría a la baja el elevado nivel de escasez de mercancías (evidencia: actuales inventarios de sardinas en lata, automóviles Ford en concesionarios, y juguetes de temporada en las tiendas del país). Hoy más que nunca debemos comprender que los precios son mecanismos que reflejan la percepción de valor de los consumidores y transmiten información para que los productores destinen sus esfuerzos a producir lo que tenga mayor demanda y rentabilidad.

Alberto José Hurtado B  

La dinámica de los mercados se comprueba en la vida cotidiana y, por más ocultas que estén las estadísticas, el resultado de un proceso de recesión es la menor disposición de productos para el intercambio en la economía. En Venezuela, donde se combina caída de la producción con exceso de demanda de bienes y servicios debido al aumento de la cantidad de monedas y billetes en circulación y no como resultado del incremento de la productividad del país, se presiona al alza los precios de los pocos productos que aún se transan, aumenta el desempleo, y se incrementa los niveles de escasez y desabastecimiento.

Dicha realidad exige decisiones de política económica para corregir los desequilibrios evidentes en la economía, con la premura de quien es consciente de la gravedad de la crisis y tiene claras sus consecuencias, con criterio de humildad para reconocer los efectos negativos de las políticas previamente implementadas e iniciar un esfuerzo estabilizador combinando adecuadamente los instrumentos disponibles. En este marco, muchas medidas se pueden tomar y diversas alternativas de intervención en la economía se pueden sugerir, pero ante la actual situación del país lo primero que deben hacer las autoridades es reconocer lo inconveniente de considerar la variable precio de los productos como sinónimo de su costo total de producción, debido a que conlleva a un sesgo ideológico, acota el papel de dicho parámetro, y limita la gestión pública en economía a la definición y revisión de la estructura de costos de todas las cadenas productivas.

Los precios representan la cantidad de dinero que permite la adquisición y uso de un producto, y se determinan en función de la negociación en el mercado según lo que los compradores estén dispuestos a pagar y lo que los vendedores pidan por dicha mercancía. Así, se toma en cuenta el esfuerzo necesario para producir el bien que se intercambia, la salud de la economía donde se hace la transacción, las expectativas de oferentes y demandantes acerca de los precios futuros de las mercancías utilizadas como insumo, los avances tecnológicos que mejoran la productividad, entre otros factores que condicionan el precio final de un bien.

Facilitar la definición de los precios de las mercancías que se intercambian en la economía venezolana tomando en cuenta todas las variables que los determinan, o al menos actualizar los precios máximos rezagados desde 2007 a valores monetarios equivalentes al precio del mercado, sería un primer estímulo a la actividad productiva nacional y corregiría a la baja el elevado nivel de escasez de mercancías (evidencia: actuales inventarios de sardinas en lata, automóviles Ford en concesionarios, y juguetes de temporada en las tiendas del país). Hoy más que nunca debemos comprender que los precios son mecanismos que reflejan la percepción de valor de los consumidores y transmiten información para que los productores destinen sus esfuerzos a producir lo que tenga mayor demanda y rentabilidad.